martes, 16 de mayo de 2017

Festival Poetas en Mayo, Vitoria

El viernes 19 participo en una mesa redonda de poetas y editoras, dentro del V Festival Internacional "Poetas en Mayo", Vitoria.

Principios de edición: "El desafío intelectual siempre está presente, pero editar es sobre todo divertido, tanto que es fácil dejarse llevar por el puro entusiasmo."
                                                                                      MARY STOUGHTON



domingo, 14 de mayo de 2017

Presentación de Mercedes Roffé y Clarissa Macedo en Madrid


El jueves, 18 de mayo, a las 19h, se presentan los dos nuevos poemarios (7 y 8) de la colección "Toda la noche se oyeron. Poesía latinoamericana de ahora" de la editorial Polibea. 

Los libros son "Las liternas flotantes", de Mercedes Roffé, una de las voces de la poesía argentina actual con mayor reconocimiento internacional, y "En la pata del caballo hay siete abismos", de la joven poeta brasileña Clarissa Macedo (traducido por Verónica Aranda), con el que recibió el Premio nacional de la Academia de las letras de Bahía.  

Lugar: Librería Los Editores. C/ Gurtubay, 5. Madrid (zona: Retiro), 19.00h



Un poema de Mercedes Roffé:

IV.

Sueña el grano que ya es espiga dorada
y sueña el niño que es hombre
sueña el mal que pasa inadvertido
y el bien que juega una partida y gana
Sueña el rocío que ya es el mar profundo
y la pepita de oro en el agua que es fíbula y ajorca
La raíz sueña que es rama, que un pájaro hace nido en ella
y la nube que es lluvia ya y que penetra la fresca
aspereza de la grama

 Un álgebra superior
equipara
el día y la noche
lo que será y lo que ha sido
lo que vendrá y el origen
sereno de las cosas

tumulto y paz
convulsión y mar calma
la realidad se ofusca en el retorno
vórtice-tiempo
vórtice
donde se arrebuja el alma

 Héla ahí,
la Realidad
la Joya
el velo de cristales sobre la cara
recóndita de las cosas             su hora naciente
Sol
vórtice-luz
vórtice-palabra
vorágine suspendida
disolución
disolución

3000 bombas
3000 bombas
3000 bombas en un fin de semana
cuántas caras
cuántas manos
cuántas piernas
cuántos velos-vendas pegados a la piel ardida
cuántas piedras sobre piedras arrancadas
cuántas vidas arrancadas de la vida.



Un poema de Clarissa Macedo:

Sete abismos


A alma relincha
na estrebaria.

Macho de cavalo
que galopa trovas
do pensamento,
engole as águas
de pasto e de feno.

Há terror nos ventos
do cavalo magoado,
que perdido rompe,
alado, as trincheiras
e cai como anjo
de tormento.

Há éguas rondando
pratos de esquecimento.

Há rodas e correias
na carruagem violenta.

Naquela crina
de ferraduras negras
um cavalo
de patas ralas:

Os sete abismos da vida.

  


Siete abismos

Relincha el alma
en la caballeriza.

Caballo macho
que galopa trovas
del pensamiento,
engulle las aguas
de pasto y de heno.

Hay terror en los vientos
del caballo herido,
que rompe, perdido,
alado, las trincheras
y cae cual ángel
de tormento.

Hay yeguas rondando
platos de olvido.

Hay ruedas y correas
en el carruaje violento.

En aquella crin
de herraduras negras
un caballo
de patas ralas:

Los siete abismos de la vida.


© Traducción: Verónica Aranda





           

martes, 2 de mayo de 2017

Piedra del Guadalquivir de Carlos Aguasaco


PRESENTACIÓN DE CARLOS AGUASACO Madrid, Centro de Arte Moderno, 27 de abril de 2017
                                                                                                 Verónica Aranda

   Piedra del Guadalquivir de Carlos Aguasaco (Bogotá, 1975), podríamos decir que son tres libros en uno pero que tienen un hilo conductor que son los ríos. Navega entre dos aguas y entre las dos orillas: por el río Guadalquivir y por Río Bravo (que separa Estados Unidos de México) y, en la sección intermedia, están las vocales, también acuáticas, mojadas en “savia y saliva”, como destaca María Ángeles Pérez López en el excelente prólogo, que son un homenaje al famoso soneto de Rimbaud.
   La primera sección, Piedra del Guadalquivir, que da título al libro, forma un poema unitario dividido en fragmentos. Son apuntes del caminante y su sombra que tienen una gran influencia oriental. El yo poético se va despojando de lo material y, al igual que sucede en el haiku, hay una disolución del ego, meditación apoyada en el ejercicio de respirar. Meditación y duermevela lúcido en el que el río envuelve al poeta en el ascetismo de su luz. Las repeticiones y la circularidad funcionan también como un mantra. Como cuando dice:

Yo diría que el poema es un tótem, afirma tajante
Tótem, tótem, ese es su mantra, el bordón de su jarcha.

  El cangrejo, que aparece en varios poemas actúa como símbolo de la muerte del hombre viejo, del maestro y, mediante la redención, el nacimiento del hombre nuevo. Porque el río, en palabras del poeta “es otra forma de tiempo” y las piedras son su memoria milenaria.
Por otro lado, hay un cuestionamiento metapoético que genera apuntes reveladores sobre la escritura y conecta con referencias a otros autores, y más claramente con Borges y con “Espejo de agua” de Vicente Huidobro, dos de los poetas que más en influido en Aguasaco. Y como trasfondo y paisaje emocional, las vivencias sevillanas con el poeta colombiano William Beltrán.
   Llama la atención la numeración maya precisamente sobre los poemas del Guadalquivir, de donde salían los barcos hacia las Indias, y regresaban cargados del oro. Es muy simbólico y una forma de saldar una deuda histórica con las culturas precolombinas. Se remonta a un pasado de códices pintados.
   Aguasaco, es poeta de múltiples registros, como ya demostró en Poemas hermafroditas.  La última sección del libro, “Diente de plomo”, que se editó previamente en México como libro objeto, representa el fuerte compromiso social del autor contra la narcoviolencia, el feminicidio y los asesinatos atroces de mujeres que vienen aconteciendo en Ciudad Juárez desde 1993, ante la pasividad de las autoridades locales y nacionales. Son poemas en prosa, una narcopoética próxima al microensayo, fruto de una investigación, donde trata también la problemática de los contextos de pobreza y desigualdad que conducen a tantos jóvenes latinoamericanos a difíciles encrucijadas. Jóvenes que pueden haber sido compañeros de colegio, compañeros de juegos en la infancia y que acaban en ese entramado de violencia y narcotráfico.  
   Uno de los poemas más intensos y escalofriantes del libro es que la elegía “Las muertas de Juárez” que está compuesto con los nombres de todas las víctimas de feminicidio. Su lectura en voz alta, su enumeración golpea y nos acerca al dolor colectivo.
   Apuntaba María Zambrano en un homenaje a Velázquez que “la poesía […] ha descendido una y otra vez a los infiernos para reaparecer cargada de historia y aun de historias infernales”. Carlos Aguasaco conoce la dimensión de estas historias que determinan también su forma de escribir, plasmándolas en estos originales y contundentes narcopoemas.
                                                                                                         
 (Carlos Aguasaco, Piedra del Guadalquivir, Editorial Polibea, nº 6 de la colección Toda la noche se oyeron, Madrid, 2017).


Las muertas de Juárez
[Poema compuesto con la lista real de los nombres de las víctimas de feminicidio reciente en ciudad Juárez, México]

¿Qué sabes de Adriana, Aída, Alejandra, Alicia, Alma, Amalia, Amelia o Amparo? ¿Qué sabes de Ana, Apolonia, Araceli, Aracely con i griega o Bárbara? ¿Qué sabes de Bertha, Blanca, Brenda, Brisa, Carolina, Cecilia, Celia, Cynthia, Clara, Claudia o Dalia? ¿Qué sabes de Deisy, Domitila, Donna, Dora, Elba, Elena o Elsa? ¿Qué sabes de ellas, de alguna de ellas o de Elizabeth, Elodia, Elva con uve, Elvira, Emilia o Eréndida? ¿Qué sabes de ellas, de alguna de ellas, de sus muertes, de sus últimas palabras o de Erica, Erika con Ka, Esmeralda, Estefanía, Eugenia, Fabiola, Fátima, Flor o Francisca? ¿Qué sabes de ellas, de alguna de ellas, de sus muertes, de sus últimas palabras, de sus llamados de auxilio, del hilo de sangre con que llevaban el alma atada al cuerpo o de Gabriela, Gladys, Gloria, Graciela, Guadalupe, Guillermina, Hester con su hache invisible en el aire o de Hilda? ¿Qué sabes de ellas, de alguna de ellas, de sus sueños, de sus recuerdos, de su recuerdo, de sus lápidas o de Ignacia, Inés, Irene, Irma, Jacqueline, Jessica con doble ese y sin acento, Juana, Julia o Julieta? ¿Qué sabes ellas, que cualquiera de ellas, de los ojos que lloran su ausencia o de Karina, Laura, Leticia, Lilia, Liliana, Linda, Lorenza, Lourdes, Luz o Manuela? ¿Qué sabes de ellas, de la más joven de ellas, de sus manos juntas como en oración buscando la paz de la justicia o de Marcela, Margarita, María, María, María, María, cuarenta veces María? ¿Qué sabes de ellas, de alguna de ellas, de sus memorias, de sus sonrisas acalladas con violencia o de Maribel, Maritza, Martha, Mayra, Merced, Mireya, Miriam o Nancy? ¿Qué sabes de ellas, de la más baja de ellas, de sus zapatos con lodo, de su relicario de plata, de su mano entre abierta y levantada como para saludarte o de Nelly, Nora, Norma, Olga, Otilia o Paloma? ¿Qué sabes de ellas, de todas ellas, de la primera de ellas, de su sombra en la tierra, de su corazón roto tres veces y a la vez treces veces zurcido con llanto o de Patricia, Paula, Paulina, Perla, Petra o Raquel? ¿Qué sabes de ellas, de la segunda de ellas, de sus primeros pasos, de sus muñecas, de su espejo de azogue o de Reina, Rocío, Rosa, Rosa como en un coro de Rosas, Rosalba, Rosario o Sandra? ¿Qué sabes de ellas, de la más vieja de ellas, de sus primeras letras, de sus gastos, de sus deudas o de Silvia, Silvia y Silvia, Sofía, Soledad, Sonia, Susana o Teodora? ¿Qué sabes de ellas, de la más alta de ellas, de sus tortillas, sus tacos, de su mole, de sus chiles rellenos o de Teresa, Teresita, Tomasa o Vanesa? ¿Qué sabes de ellas, de la más solitaria de ellas, de su talismán, de su tatuaje, de su marca de nacimiento, de la cicatriz de un parto o de Verónica, Verónica la otra, la otra Verónica que no es Verónica, Victoria, Violeta, Virginia, Viridiana o Yésica? ¿Qué sabes de ellas, de la más alegre de ellas, de sus canciones, de sus polleras, de su cumpleaños, del día de su santo, de sus mañanitas o de Yolanda, Yolanda, Zenaida o Zulema? ¿Qué sabes de ellas –dime-, de todas ellas, de cualquiera de ellas, de sus dolientes, de sus amigos, de sus hermanos, de sus hijos, de su bautismo, de sus nombres o de la mujer sin nombre que ha muerto más de setenta veces, de la mujer sin nombre que -¡ay! ¡ay! ¡ay! ¡ay! ¡ay! ¡ay! ¡Dios mío!- sigue muriendo en Juárez sin que nadie haga o diga nada?  


                                                                 © Carlos Aguasaco

miércoles, 19 de abril de 2017



Os esperamos el 27 de abril en la presentación del 6º libro de la colección "Todo la noche se oyeron" (Editorial Polibea), del poeta colombiano Carlos Aguasaco.

Os dejo dos poemas del libro:


La eternidad rebasa el prodigio, afirma el anciano
todo prodigio es eterno, responde la salamandra
tú piensas,
sí,
piensas, en el jardín de tu casa
en las manos de tu abuela
y en el pedazo de tu oreja que lleva el pez que devoró el otro pez
en el hombre que con el anzuelo lo atrapa y lo saca del agua para llevarlo a su mesa
en la familia que se harta con tu oreja
y en su extraña comunión con el cangrejo





Si un día, en la esquina de tu calle, te alcanza la muerte como una bala perdida; si la muerte te atrapa por la espalda y te besa en la nuca con su diente de plomo;  si la muerte te susurra que te ama y te pide yacer a su lado en medio de la acera, ¿pensarías en José de Espronceda?, ¿dirías que ese es su lugar y no el tuyo? Morir así  entre el fuego cruzado del Narco y los Federales, morir así de gratis sin llegar a tu casa con el pan de la mañana, morir así como antes morían otros en tierras lejanas, morir así como una flor aplastada por un tanque de guerra –piensas-, no es justo. No es justo –repites- y sigues caminando. 

                                   © Carlos Aguasaco
                                             De Piedra del Guadalquivir, Polibea, Madrid, 2017

lunes, 17 de abril de 2017

Poema con ilustración


                             
                                     
















Ilustración: Manes Sánchez

          Poema V

En la alta madrugada
tus pezones oscuros.
                       El deseo abisal y sus ajorcas
                       bajo una luz de templos con cúpulas azules.

                       Nada más que la piel
                       en un ardor de abril y tamarindos.
                       Nada más que la piel,
                       su liturgia de helechos.

                                        © Verónica Aranda
                             De Épica de raíles, Devenir, Madrid, 2016